María y Gonzalo buscaban un espacio con historia, elegancia y carácter. Casa Cavalero, antigua casa de infanzones rehabilitada por artesanos de ambas vertientes del Pirineo, fue el escenario de una boda íntima y cuidadosamente pensada.
La celebración dialogó con la memoria del lugar y su entorno. En la iglesia románica, la decoración se inspiró en las ruinas de las grandes edificaciones de montaña, con la piedra y la vegetación como protagonistas. Una boda serena y elegante, vivida con calma y atención a cada detalle.